Por Su Divina Gracia, Om Visnupad
Srila Bhakti Nirmal Acharya Maharaj
Día de aparición de Sriman Nityananda Prabhu
Sri Ekachakra Dham, clase vespertina,
17 de febrero del 2019, parte 15 de 16
Contando estas historias, podemos pasar el tiempo sin darnos cuenta hasta que todas las verduras estén cocidas. Les contaré una historia más, la última. Muchos de ustedes quizá la hayan oído antes—la conté en Nabadwip, pero hace mucho que no lo hago. Les hablaré de la diferencia entre guru-bhogi, guru-tyagi y guru-sevi, y de la diferencia entre la castidad por el guru y seguir los propios deseos. En esta historia pueden ver lo que sucede cuando viven siguiendo sus propias ideas y deseos.
Es posible que también hayan oído hablar de Srila Sanatan Goswami Prabhu y su sirviente Ishan (su historia se describe en el Sri Chaitanya-charitamrita): debido a que Ishan había tomado una moneda de oro (por su apego al dinero), no pudo acompañar a Srila Sanatan Goswami Prabhu y recibir el darsan de Mahaprabhu; Srila Sanatan Goswami Prabhu lo envió de regreso. Esta es la evidencia de que, incluso con el más mínimo apego, no puedes acercarte al Señor...
Un guru y su discípulo decidieron ir a Vrindavan. En el camino, el discípulo exclamó de repente: "¿Cuánto tiempo más vamos a caminar? ¡Tengo mucha hambre!".
El guru respondió: "Ah, ¿tienes hambre? Muy bien, aquí tienes una rupia. Ve al mercado y trae unos garbanzos (chana, চানা)".
El discípulo fue al mercado, pero se puede ver cómo en lugar de pensar en la orden de su guru, pensó en sus propios deseos. El guru le había dicho que comprara garbanzos, así que debía haber ido al mercado, comprado un kilo de garbanzos y regresar. En lugar de eso, empezó a mirar a su alrededor.
"¿Cuánto cuesta un kilo de manzanas?", le preguntó a un vendedor.
"Una rupia".
"¿Y cuánto cuesta un kilo de uvas?".
"Una rupia".
"Ah, ¿y cuánto cuesta un kilo de estos dulces?", preguntó el discípulo, entusiasmado.
"Una rupia".
Entonces vio paneer (chhana, ছানা) en la tienda de dulces.
"¿Y cuánto cuesta un kilo de este paneer?".
"Una rupia".
El discípulo pensó: "¡¿Un kilo de paneer por una rupia?! ¡Prefiero comprar paneer! ¡Qué lugar tan bonito! Aquí todo cuesta una rupia".
(En otras palabras, servir a Dios, servir a la sociedad, servir a la humanidad: todo es lo mismo. La gente dice: "Oh, debemos servir al pobre Narayan". ¿Qué es esto? Un hombre pobre nunca puede ser Narayan, ni Narayan puede ser pobre jamás. Srila Prabhupad también dijo esto. Quienes hablan de "servir al pobre Narayan" se equivocan. ¡Qué tonterías dicen! ¿Cómo puede el hombre llegar a ser Dios?).
Entonces, el discípulo compró un kilo de paneer. Al llegar a su guru, este le preguntó: "¿Tienes garbanzos?".
"No, gurudev. Este pueblo es muy bonito. ¡Aquí todo es igual! Incluso los ladrones y los nobles reciben el mismo trato. Incluso Laksmi y un mendigo están en igualdad de condiciones. Me gusta mucho este lugar".
(Si dijéramos que el primer ministro, el SP [Superintendente de Policía] y el DM [Magistrado de Distrito] son la misma persona, recibiríamos una llamada del gobierno...).
"¡Desastre! ¿Qué has hecho?", preguntó el guru. "¿Qué compraste?".
"He comprado paneer (chhana)".
"Ah, muy bien. Puedes quedártelo entonces", contestó el guru, poniéndose repentinamente muy serio.
El discípulo se comió todo el kilogramo de paneer.
"¿Has terminado?", le preguntó el guru después de un rato.
"Sí".
"Vámonos entonces".
"Gurudev, tengo mucho sueño—ya no puedo caminar. Quiero quedarme aquí unos días".
"¡Desastre! ¡No debes quedarte! Todo es igual aquí, ni se te ocurra quedarte. ¡Vamos, vamos! ¡Vámonos de aquí!".
"No, no me iré... Me quedaré aquí".
"De acuerdo. Si no quieres irte, quédate, pero veo que te espera algo malo en el futuro. Si te metes en problemas, te acordarás de mí".
El guru se fue, y el discípulo se quedó allí. Poco después, hubo un robo masivo en el pueblo—todas las casas fueron saqueadas, una por una. Un día, robaron la casa de un hombre importante, y este acudió al líder del pueblo para quejarse: "Señor, vivimos en su pueblo y le pagamos impuestos. Somos sus súbditos, pero nos roban y su gente no hace nada".
"¿Cómo robaron en tu casa? Tienes una casa muy buena...".
"Sí, tengo una casa sólida, pero el ladrón entró por los cimientos, ¡cavó un túnel y entró!".
"Escuché un ruido, me desperté por la noche, y lo vi".
"¿Qué aspecto tenía?".
"Estaba gordo".
El líder envió a sus hombres a buscar a todas las personas gordas del pueblo. Los hombres buscaron por todo el pueblo y entonces vieron a un sadhu cubierto de tilaka, sentado bajo un árbol. Era aquel discípulo. Se sentó bajo el árbol y gritó: "¡Hare Krishna! ¡Hare Krishna!". La gente pensaba que era un gran santo, así que le daban dinero. Él tomaba el dinero y compraba paneer con él. Así fue como acabó engordando mucho. Los hombres del líder lo vieron e inmediatamente pensaron: "¡Aquí está el hombre gordo!". Lo atraparon y lo llevaron ante el líder. El líder mostró el sadhu al gran hombre que había sido robado, y el hombre confirmó: "Sí, el ladrón se parecía mucho a él". El líder dijo: "Bien. Entonces será castigado. La sentencia es el empalamiento".
En aquella época no había micrófonos, así que enviaron a unos hombres a anunciar que el ladrón había sido capturado y que lo empalarían al día siguiente. Todos recibieron la noticia y se reunieron al día siguiente para ver al ladrón. Como en la infancia, que no entendíamos que un ladrón era sólo un hombre (creíamos que un ladrón era una persona especial), toda la gente común quería ver qué aspecto tenía.
Mientras tanto, el discípulo recordaba a su gurudev: "¡Oh, gurudev! ¡Me dijiste que me metería en problemas! Dijiste que no debía quedarme en este lugar donde todo es igual, pero no te hice caso. No robé nada, pero quieren ejecutarme como a un ladrón. Para ellos es lo mismo si soy una buena persona o un ladrón... ¡Oh, gurudev, por favor, sálvame!". De repente, su guru apareció ante él para salvarlo.
"Entonces, ¿te van a empalar mañana a las diez?—preguntó el guru.
"Sí...".
"Cuando te lleven al poste, yo iré contigo y pediré que me empalen también".
"¡No, no, gurudev! ¿Por qué tienes que venir conmigo? ¿Por qué tienes que morir por mi culpa? He cometido una ofensa, así que asumiré la responsabilidad por ello".
"Escúchame, hijo. Guru-mukha-padma-vakya, chitete kariya aikya. Haz que las enseñanzas de la boca de loto de Sri Guru sean una con tu corazón. Te estoy diciendo lo que debes hacer—si aún te queda algo de buena fortuna, escucha lo que te digo. Iré contigo y verás lo que sucede. No te preocupes por nada".
Llegó el día siguiente y, a las diez en punto, el discípulo fue llevado al poste. El poste había sido pulido y limpiado a la perfección para la ceremonia. El líder del pueblo caminó primero, llevando consigo al ladrón hasta el poste. Y el guru del discípulo corrió tras ellos. De repente, el guru gritó: "¡Déjame ir! ¡Déjame ir en su lugar!".
"¿Quién es este hombre?", preguntó el líder. "¿Quién eres tú? ¿Por qué quieres que te empalen? ¿También has robado algo?".
"No he robado nada, pero soy astrólogo. ¿Has oído hablar de Janak Raja? Soy su astrólogo. Lo sé todo".
"¿Qué sabes exactamente?".
"Este poste fue colocado en el encuentro de dos momentos muy auspiciosos. Quien sea empalado en él irá a Vaikuntha".
"¿En serio? ¿A Vaikuntha? Mi padre es viejo y siempre dice: '¿Cuándo iré ante el Señor Govinda? ¿Cuándo iré a Vaikuntha?'. Construí este poste con mi dinero, y lo mandé a limpiar y pulir, ¿todo para que ese hombre vaya a Vaikuntha? ¡De ninguna manera!". Entonces, el líder detuvo la ejecución del ladrón y corrió para ser empalado él mismo.
En ese momento, el guru le dijo a su discípulo: "Hijo, vámonos ya. Es hora de correr". Huyeron, ¡y el padre del líder fue empalado en su lugar! Esto es lo que pasa cuando crees que todo es lo mismo.
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Publicado originalmente en inglés en:
Disciple's Folly





